sábado, 4 de abril de 2015

VIA CRUCIS

Las palabras de la multitud inundaban sus oídos, estaban llenos de odio y de maldad, decididos a burlarse de Él y hacer más penoso su camino. Miro el rostro de algunos de ellos, estaban cegados por la ira y la amargura, dejando que el hombre muerto que vivía dentro de ellos hablase.
Pero al mirarlos no les dio una mirada de enojo sino de compasión; Él los amaba a cada uno. Conocía sus penas, sueños, fallas y deseos más profundos, los había visto en el vientre de sus madres; Él los había creado. Pero todo lo que ellos le devolvieron fueron frases ácidas y cachetadas.
Las palabras no dolían tanto como los malos pensamientos de las personas que las decían, la corona de espinas no dolía tanto como los corazones olvidadizos de Dios, la cruz no pesaba tanto como el peso de los pecados de las personas que lo condenaron a cargarla.
Él cargaba la cruz por amor a cada uno de ellos.
Vio que en un rincón se encontraba Barrabas, tenía una expresión de asombro; Barrabas tendría que estar cargando la cruz; él debía ser quien moriría ese día, había cometido sedición y asesinato. Pero en el amor de Dios estuvo el intercambio de ese injusto por el santo hijo de Dios.
Entre la multitud se encontraba su madre, quien no podía comprender porque asesinaban a su hijo. Ella había experimentado grandes milagros de Dios en su cuerpo y había cuidado del Mesías; pero ahora no le bastaban palabras para explicar su sufrimiento. Recordó las palabras del profeta que le habían dicho que una espada traspasaría su alma al ver a su hijo en agonía. Nunca pensó que este día iba a llegar.
Los guardias obligaron a un hombre a cargar la cruz. Él lo conocía bien, aun cuando nunca antes lo había visto, su nombre era Simón y sus hijos estaban junto a él cuándo lo tomaron los soldados. Sabía que este hombre al terminar este camino no sería el mismo, y que presenciaría lo que sucedería en las próximas horas en el monte de la calavera.
María no se encontraba muy lejos de él, ella intentaba estar lo más cerca de su maestro como le fuera posible. Muchos dirían que es porque ella tiene una enorme deuda que pagar con el Nazareno. Pero era el amor a Jesús lo que la llevaba a estar cerca, ella conoció este camino de otra forma. Una tortura inmensa que había sufrido en su cuerpo, pero Jesús no solo la libro del poder del mal, ahora Él estaba tomando el camino de sufrimiento del cual la había librado para poder salvarla.
Lagrimas comenzaron a correr por sus mejillas, los amaba demasiado a cada uno de ellos y por eso Él cargaba su cruz. Si por ese ladrón, por su madre, por el esclavo y por la mujer que antes había estado endemoniada. Cada uno de ellos, por ti, por mí.
Logro mirar a lo lejos el monte, no le faltaba demasiado para llegar, dio cada paso acercándose más y más; no pensando en su dolor, no pensando en el sufrimiento, sino con el profundo deseo de que el hombre fuera libre del pecado y del infierno. Sabiendo que Él era el único que podía cargar esa cruz y que podía hacer el sacrificio.
Sabiendo que para cuando la obra sea consumada y la deuda este saldada; cualquiera que en el creyera no se perdería sino que tendrá vida eterna.
Ivan G.

viernes, 3 de abril de 2015

Lagrimas de agradecido

Lagrimas de agradecido
por aquel que me salvo,
lagrimas de agradecido
por tu inmerecido don.

En esto encareces tu amor,
en que siendo tu enemigo
andando en mis pecados,
Él dio su vida por mí.

Mas cuando allí agonizaba
en mi pensó el Salvador,
viendo el gozo delante
cumplió la voluntad de Dios.

Como no darle mi vida
a aquel que tanto sufrió
siendo desamparado
allí en la cruz por Dios.

Cristo venció a la muerte
y también a Satanás
cuando al tercer día
de la tumba resucito.