jueves, 28 de agosto de 2014

¡Pasó la cosecha!




Era primavera, la mañana hermosa, llena de perfumes, de trinos, de sol,
se infiltro alegre y gozosamente dentro de los pliegues de mi corazón.
El maestro vino, me habló suavemente: ¿Irás a mis campos como sembrador?
Pero la mañana me llenaba el alma y dije: “Maestro, no podré ir hoy.
Cuando la primavera apague sus luces, cuenta con mi ayuda como sembrador”.- 

Era en el verano. 
La aurora nacía, y en una explosión todo con sus chispas de oro, todo lo cubría con regia capucha.
De nuevo el Maestro se acercó y me dijo: “¿La semilla tierna no irás a cuidar?”
Pero era tan lindo, tan lindo el verano, que dije sintiendo mi pecho cantar:
“cuando del verano se extinga la gloria, iré tus semillas gozoso a cuidar.”

... y llegó el otoño, el primer rocío, que cayó abundante sobre la amplia mies,
y puso en el aire su álito sedante, con manos piadosas refrescó mi sien.
De nuevo el Maestro se acercó y me dijo: “si no te retardas aún tienes tiempo…
¿Mis maduras mieses no irás a segar?”
Mas dije: “Maestro, déjame quedar. 
Cuando haya gozado la ambrosía de otoño correré a tus campos y podré segar.”

... y el invierno vino, todo estaba blanco, hacía mucho frío, no brillaba el sol, 
la nieve y el hielo lo cubrían todo, y hasta se acercaron a mi corazón. 
Y entonces, entonces voluntariamente me ofrecí al Maestro. Todo se lo dí:
todos mis esfuerzos, todos mis anhelos, todo don precioso que habitaba en mi.
Mas Él, tristemente movió la cabeza. "Pasó la cosecha”, me dijo.
”Solo hay un poco de trigo que quedó a la espera que tú, voluntario, fueras a juntar;
y como no fuiste, aún está en el campo y fue tu descuido el que lo dejó.

El placer del año gozaste afanoso, cuando yo llamaba no oíste mi voz.
y hoy, ¿Para que te sirve tu remordimiento?
... ¿Qué será del trigo que no se junto?..."

Anónimo

martes, 19 de agosto de 2014

Como un humilde siervo

Como un humilde siervo
el fruto de un corazón agradecido
a Ti quiero entregar,
por tanto amor y misericordia
que supiste demostrar,
cuando allí en la cruz
Señor Jesús ocupaste mi lugar,
el precio de mi libertad pagaste
con tu sangre derramada me limpiaste
ya no soy esclavo del pecado
ni me guía Satán.
Jesús, eres mi Señor y Dueño,
el precio de mi alma
con tu vida pagaste,
mas la tumba está vacía
pues resucitaste,
a la diestra del Padre te sentaste
e intercedes por mí
y por quien te reciba
como su Salvador;
Jesús, eres mi Señor y Dueño
como un humilde siervo
el fruto de un corazón agradecido
a Ti quiero entregar.